lunes, 12 de diciembre de 2011

Cinco etapas del duelo


Elisabeth Kübler-Ross presento un modelo conocido como las "Cinco etapas del duelo", en su primer libro "Sobre la muerte y los moribundos", donde explica que los pacientes terminales que se enfrentan ante una muerte inminente, así como las personas en general que enfrentan a una perdida, pueden presentar estas emociones, porque cada persona sigue su propio proceso, con una duración, con un orden o enfasis individual.

A continuación les presento cada etapa y su interpretación:

 
EKR etapa Interpretación
1 - Negación La negación es un rechazo consciente o inconsciente de aceptar los hechos, la información, la realidad, etc, relacionados con la situación en cuestión. Es un mecanismo de defensa y es perfectamente natural. Algunas personas pueden llegar a estar bloqueados en esta etapa cuando se trata de un cambio traumático que puede ser desconocido. La muerte, por supuesto, no es particularmente fácil de evitar o evadir de manera indefinida.
2 - Ira La ira puede manifestarse de diferentes maneras. Personas que tratan con problemas emocionales pueden estar enojados con ellos mismos, y / o con otros, especialmente aquellos cercanos. Sabiendo esto ayuda a mantener alejado y sin prejuicios al experimentar la ira de alguien que es muy molesto.
3 - Negociación Tradicionalmente, la etapa de negociación para las personas que enfrentan la muerte puede implicar tratar de negociar con todo lo que la persona cree en Dios. Las personas que enfrentan el trauma de menor gravedad puede negociar o tratar de negociar un compromiso. Por ejemplo "¿Podemos seguir siendo amigos? .." Cuando se enfrentan a una ruptura. La negociación rara vez ofrece una solución sostenible, sobre todo si se trata de una cuestión de vida o muerte.
4 - Depresión También se conoce como de preparación de duelo. En cierto modo, es el ensayo o la práctica de correr para el 'después', aunque esta etapa significa cosas diferentes dependiendo de a quién se trata. Es una especie de aceptación con el apego emocional. Es natural sentir tristeza y pesar, miedo, incertidumbre, etc. Esto demuestra que la persona que ha empezado al menos a aceptar la realidad.
5 - Aceptación Una vez más esta etapa definitivamente varía en función de la situación de la persona, aunque en términos generales es una indicación de que hay una cierta distancia emocional y objetividad. Personas que mueren pueden entrar en esta etapa de un largo tiempo antes de que las personas que dejan atrás, que necesariamente tienen que pasar a través de sus propias etapas individuales de lidiar con el dolor.

Qué etapas hemos experimentado? qué emociones estamos enfrentado? nuestra ira o depresión se manifiesta como aislamiento? nuestra negociación es proactiva o es una resignación negativa? interesante modelo que nos permite entendernos frente al duelo.


La tabla de las cinco etapas del duelo fue tomada del sitio de la fundación EKR. La traducción del ingles es de google y de su servidor, así que disculpen de antemano los errores, fue un esfuerzo más allá de mis posibilidades linguisticas, pero visiten el original en ingles y se aceptan correcciones.

viernes, 9 de diciembre de 2011

No puede ser- canción favorita

Para todos ustedes, les presento un video de una canción y un cantante (Rolando Villazon, tenor mexicano) que era de las favoritas de mi hijo, incluso le gustaba cantarla. Como buen amante de la opera, no hacia a un lado la zarzuela, se trata de un fragmento de la Romanza de Leandro, Acto II de La tabernera del puerto, autor Pablo Sorozábal (1897-1988). 



Les pongo la letra para quienes somos curiosos.

No puede ser; esa mujer es buena.
No puede ser una mujer malvada.
En su mirar, como una luz singular,
he visto que esa mujer no es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena,
que envenenó las horas de mi vida.
No puede ser, porque la vi rezar,
porque la vi querer, porque la vi llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir,
las malas mujeres no miran así.

Temblando en sus ojos dos lágrimas vi,
y a mí me ilusiona que tiemblen por mí,
que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión, sé piadosa con mi amor.

Porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Carta a padres que han perdido un hijo-Elisabeth Kubler-Ross


Escrita por Elisabeth Kubler-Ross.

Regresando de una gira por Europa, Alaska y Hawai encontré dos mil cartas a las que tenía y quería dar respuesta. No pudiéndolo hacer individualmente opté por hacerlo en una «Carta a los padres que han perdido un hijo»

 Querida Margaret:

Gracias por tu carta del 22 de enero en la que me pides que te ayude en tu publicación, National Newsletter, para padres desconsolados. Acabo de llegar de Europa, Egipto, Jerusalén, Alaska y Hawai, y la única manera de no tener que defraudar a las dos mil cartas que aún no he contestado es mandarte este artículo ahora mismo, y aquí está… Queridos amigos:

Margaret Gerner, que dirige esta hermosa publicación, me pidió que escribiera unas líneas para los que lleváis luto por un niño u os enfrentáis a la inevitable muerte de un hijo. Como probablemente sabéis, he escrito varios libros (La muerte: un amanecer, On Death and Dying, Vivir hasta despedirnos), y el más reciente centrado en los niños que van a morir.

Puedo compartir muchas cosas con vosotros, pero quizá lo más significativo es el progreso que hemos hecho en la última década para ayudar no sólo a las familias que participan en el largo y arduo seguimiento de la enfermedad terminal de un niño, sino también a los miles de padres cuyos hijos han sido asesinados, se han suicidado, o tuvieron una repentina muerte accidental. Esas familias no tuvieron el privilegio de contar con el factor tiempo, que es en sí un alivio y una preparación. El tiempo alivia porque ofrece momentos para la reflexión y la oportunidad para decir todas esas cosas que no habíamos dicho todavía. Ofrece la posibilidad de retractarse de lo que uno se arrepiente y de concentrar la energía amorosa en los que se van.

El tiempo repara: permite que cada uno se recupere a su ritmo de la conmoción y el aturdimiento, de la rabia que se siente hacia el destino, hacia los compañeros, los hermanos y, sí…, incluso hacia el niño que agoniza, o hacia Dios (una reacción humana y natural). Se necesita tiempo para tratar con Dios y para reaccionar ante las numerosas pérdidas a las que llamamos las «pequeñas muertes», que preceden a la separación final. Las pequeñas muertes son la pérdida del hermoso cabello de los niños a los que les administran quimioterapia, a una hospitalización que nos separa de ellos cuando ya no se los puede cuidar en casa, su incapacidad para caminar, bailar o jugar a la pelota, traer amigos a casa, bromear, reír y hacer planes para el futuro. Si esas pérdidas se pueden llorar en el momento en que ocurren, el final, el duelo, es mucho más fácil.

Y luego llega, naturalmente, el dolor final preparatorio, que es silencioso y va más allá de las palabras; es cuando al fin nos enfrentamos a la realidad de que nunca la veremos vestida de novia, nunca hará una carrera, no podremos esperar nietos. Los padres lloran y se entristecen por esas cosas que «nunca pasarán». Por su parte, nuestros pequeños pacientes también se despiden y cada vez tienen menos necesidad de ver gente, para poder abandonar la vida. Es entonces cuando se puede hacer prevalecer la paz y la serenidad si se sabe cuándo detener los procedimientos que prolongan la vida; cuándo llevarlos a casa y simplemente cuidarlos con cariño hasta que pasen por la transición final que llamamos muerte.

Muchos de los que habéis perdido un pequeño con una muerte repentina no habéis tenido el privilegio de contar con ese tiempo extra; no penséis sólo en la tragedia, sino también en otros aspectos de esa muerte repentina. No habéis tenido que pasar por la angustia y la agonía de un largo y doloroso tratamiento médico; no habéis tenido que preocuparos por el modo en que esta muerte vaya a afectar a sus hermanos, a los que demasiadas veces se relega a un segundo plano, cuando se mima al niño enfermo con cosas materiales, viajes a Disneylandia y todo tipo de desesperados intentos de «disimular», que a veces beneficiarían más a los que sobreviven que al niño enfermo. Muchos hermanos piden favores similares y se les niegan con una cruel respuesta: «¿Preferirías tener cáncer?». Estos niños injustamente tratados se sienten culpables por haber odiado al hermano que agoniza.

Espero que, al leer estas líneas, los que tengáis problemas con los hijos que quedan, les dediquéis tiempo y cariño antes de que sea demasiado tarde. Confío asimismo en que nunca permitiréis que nadie os dé somníferos ni calmantes en momentos como éstos, pues perderíais la oportunidad de experimentar todos vuestros sentimientos, tales como gritar vuestra pena y llorar todo lo que necesitéis, para poder vivir otra vez, no sólo por vuestro propio bien, sino también por el de vuestra familia y de los que os rodean.

Sabemos por experiencia que las personas a las que se les informa de la muerte repentina de un ser querido se recuperan mejor si pueden exteriorizar su angustia y su pena en un entorno seguro y sin testigos lo antes posible después de la inesperada muerte. Por ello aconsejamos a las unidades de urgencia de los hospitales que habiliten una sala en la que la gente pueda manifestar su dolor, y que, en vez de un «atareado» profesional, lo acompañe un miembro de Amigos Compasivos, alguien que no sólo conozca estas cosas por los libros sino que también lo haya aprendido en la escuela de la vida, que lo anime a llorar cuanto quiera y a dar rienda suelta a su angustia y dolor, y para que se libere todo sufrimiento y pueda volver a empezar a vivir.

El seminario que damos por todo el mundo, va dirigido a los padres que se sienten culpables, padres que se reprochan el no haber hecho todo lo posible (suele ser especialmente doloroso cuando un niño se suicida). El suicidio es la tercera causa de muerte de los niños entre seis y dieciséis años, y sus padres se obsesionan con mil preguntas sobre si podrían haber evitado esa tragedia. Ese sentimiento de culpabilidad sólo les resta energía  y les impide vivir con plenitud y ayudar a los que se enfrentan a pérdidas semejantes.

En nuestros seminarios, hemos tenido padres que perdieron a sus hijos en el plazo de seis meses a causa del cáncer, y no necesitaron asistencia psiquiátrica, calmantes ni somníferos, y ahora ayudan a otros a rehacerse de tales pérdidas, al igual que hacen los Amigos Compasivos en Estados Unidos y en otros países.

Tened presente que Dios nunca manda a sus hijos más de lo que pueden soportar y recordad mi proverbio preferido: «Si protegieras los cañones de las tormentas nunca verías la belleza de sus tallas en la roca». Dicho de otra manera: «Si las tempestades no hubieran esculpido las paredes del Gran Cañón del Colorado, no conoceríamos sus bellas formas».

Esto no quiere decir en absoluto que no tengáis que experimentar el dolor y la angustia, la tristeza y la soledad después de la muerte de un niño, pero también debéis saber que, después de cada invierno, llega la primavera y vuestro dolor dará paso a una gran generosidad, a una mejor comprensión, sabiduría y amor hacia los que padecen, si así lo deseáis. Utilizad esos dones para relacionaros con los demás. Todo mi trabajo con niños agonizantes partió del recuerdo de los horrores de los campos de concentración de la Alemania nazi, donde introdujeron a 96.000 niños en cámaras de gas. De la tragedia puede surgir algo positivo o negativo, compasión u odio… La elección es vuestra.

Para terminar esta carta quiero decir que nuestra investigación sobre la muerte y la vida después de la muerte confirma fuera de toda duda que los que hacen la transición (los que ya no están con nosotros) están más vivos, más rodeados de amor incondicional y belleza de lo que podéis imaginar. No están realmente muertos. Sólo nos han precedido en el camino de la evolución que todos debemos seguir; están con sus antiguos compañeros de juego (así los llaman), o ángeles guardianes; están con miembros de la familia que les precedieron y no os añoran (como vosotros a ellos) porque no tienen sentimientos negativos. Lo único que permanece en ellos es el conocimiento del amor y el cariño que recibieron y lo que aprendieron durante su vida física.

Marilyn Sunderman, la mundialmente conocida pintora de retratos de Honolulú, me estaba pintando. Ella pinta inspirada o llevada por sus guías, y estaba asombrada de ver que del retrato de «la dama de la muerte y los moribundos, con sus 55 años» surgió un hermoso cuadro y en un ángulo apareció una niña mirando una mariposa. Le rogaron que lo enseñara a los representantes de Amigos Compasivos, y ése es quizás el mayor regalo que os podamos dar, es decir, el conocimiento de que el cuerpo físico es sólo un capullo, una crisálida, y de que la muerte es en realidad la manifestación de lo verdaderamente indestructible e inmortal de nosotros, representado simbólicamente por una mariposa.

Tal como los niños de los campos de concentración de Madjanek, adjunto al campo de Lublin en Polonia, que dibujaban con las uñas mariposas en las paredes antes de entrar en las cámaras de gas, en el momento de la muerte vuestros hijos saben que estarán libres y sin trabas en un lugar en el que no hay más dolor, en el que reina la paz y el amor incondicional, un lugar en el que no hay tiempo y desde donde os pueden alcanzar a la velocidad del pensamiento. TENED ESTO PRESENTE y disfrutad de las flores que brotan en primavera tras las heladas de cada invierno, de las nuevas hojas y la vida que se manifiesta a vuestro alrededor.

Extraido del Libro La muerte y los niños de Elisabeth Kubler Ross.


http://audiolibroselbaul.blogspot.com/2011/04/elisabeth-kubler-ross-los-ninos-y-la.html


martes, 6 de diciembre de 2011

Pelicula Antes de partir


Una de sus peliculas favoritas de Roberto, es "Antes de partir", donde 2 personajes enfermos terminales de cancer, deciden realizar una lista con 10 cosas que hacer antes de morir. 

Esta idea le gustaba mucho y comentaba que le gustaria hacerlo, sin embargo, la vida se fue desarrollando de otra manera, no le dio la oportunidad, parece que no era necesario para él nada más que haber vivido en plenitud y felicidad durante estos años que lo disfrutamos, un dulce recuerdo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los tres tenores


Roberto era un gran admirador de la música clásica y de la opera, aunque era abierto a otros tipos de música, a mi me gustaba bromear con amenazar en ponerle cumbias o de banda, o con canciones de "tigers of de north", le hacia mucha gracia. Recordando esos momentos les pongo el video de un concierto en paris de los 3 tenores, quienes le gustaban mucho.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Diente Blanco no te vayas


Tambien hoy es buena oportunidad para un grato recuerdo con esta canción que te gustaba mucho hijo, al cielo de los dientes te alcanzare! :)

Hace un mes que partiste- En algun lugar en el cielo


Me gusta esta canción para dedicártela hijo este día, hace un mes que partiste de la vida terrenal hacia el plano espiritual, donde seguirás la existencia plena y maravillosa que compartimos contigo.

Esta canción habla de volvernos a ver en el cielo, tiene un emoción de dolor, de amor y añoranza que me gusta, aunque la letra es diferente; tu sabes que yo no creía en el cielo, como el lugar al que vamos después de la muerte, yo pienso que en una metáfora de un lugar de realización que existe en nosotros mismos.

Así que espero volvernos a ver pronto, en cualquier lugar que sea.

Tus amigos y familiares te recordamos con mucho cariño.

Siempre en nuestros corazones.